miércoles, 9 de marzo de 2011

No voy a salir de aquí




Micah P. Hinson es una garantía cuando se habla de lanzamientos musicales, entre su discografía tiene cosas que me gustan en mayor o menor medida, pero, en general, puedo afirmar que recomendaría con los ojos cerrados cualquiera de sus álbumes. Hasta aquí mi relación con Micah parece perfecta, me podríais acusar de que soy fan fiel de este cantautor y no lo negaría, bien, sus canciones me parecen muy buenas, pero su faceta de escritor… ¡¡¡ay su faceta de escritor!!!

He de decir que compré su libro tan rápido como tuve noticia de su existencia, pero cuando me lancé a su lectura, supe desde las primeras páginas que algo no funcionaba. Sabía que Micah había tenido una juventud difícil y que eso impregnaba sus canciones, pese a su edad, de cierta perspectiva de desencanto hacia la vida. Una negatividad que en sus canciones, junto a su cada vez más grande inquietud musical, acaba dando sentido a todo lo que escribe, llenando de credibilidad y fuerza sus letras. Pero en su novela este recurso no tiene el mismo efecto, puesto que quizá la falta de recursos como escritor de prosa, hace que Micah convierta sus virtudes como letrista en una maldición, ya que se recrea en elaborar un verdadero tratado de arquetipos que parece tener la finalidad de convertirlo en una suerte de autor maldito: personajes maltratados por la vida, con comportamientos extraños, alcohólicos o drogadictos, o las dos cosas, inadaptados y bohemios, etc., todo escrito con una aspereza, una malograda pose melancólica y una evidente falta de madurez, que en ocasiones hasta sonroja al lector.

En fin, quizá la próxima vez me lo piense dos veces antes de comprar otro libro de Micah, desde luego con su música mantengo la fé al 100%.




lunes, 28 de febrero de 2011

Los combates cotidianos



Había leído previamente el volumen 3 de esta gran serie que es Los combates cotidianos, ¿porqué el 3 únicamente? Pues porque en la biblioteca que frecuento tienen la bonita costumbre de traer las series incompletas y, por ejemplo, empezar por el libro 3 o el 2, y no comprar por nunca jamás el volumen 1.

En fin, a pesar de haber leído de forma inconexa la tercera parte de esta gran novela gráfica, algo me decía que me estaba perdiendo algo realmente grande, así que en cuanto me pasé por la tienda de cómics y vi que habían lanzado un tomo integral de Los combates cotidianos, ni me lo pensé y lo compré de inmediato.



Las expectativas eran altas, pero nunca imaginé que este cómic me iba enganchar tanto, en términos de entretenimiento y emocionalmente. Desde ya, Los combates cotidianos es para un servidor un clásico de la novela gráfica, por mostrar de forma sencilla, realista y, a veces hasta poética el recorrido vital de un personaje muy cercano al lector por su sensibilidad y sus temores, al que la vida atrapa y arrastra hasta que consigue hacerse con las riendas de ésta.

Choca ver un dibujo tan caricaturizado para un personaje tan realista como el que protagoniza esta historia, Marcos, así como para el resto de personajes que se cruzan en su vida. También llama la atención, entre otras muchas cosas, como Manu Larcenet (su autor) cambia de registro en los dibujos cuando Marcos es directamente quien cuenta la historia (haciendo uso del color sepia para recuerdos, imágenes grises y trazados imprecisos para mostrar sus temores…).

En fin, los detalles y las grandes características que constituyen esta obra, hacen que su lectura se convierta en imprescindible para cualquier amante del cómic. Hazte enseguida con él, no te arrepentirás.



lunes, 31 de enero de 2011

Dublinesca


Me enfrento a Dublinesca a sabiendas de que es un libro cuya excelencia ha logrado la unanimidad de la crítica y eso ya le hace difícil a un lector hacer una valoración de lo que ha leído de forma totalmente objetiva. Uno ya sabe que no está leyendo una novela cualquiera, de modo que, aunque algunos pasajes se hagan un pelín pesados, siempre sabes que de un modo u otro finalmente pasará algo que hará que las horas perdidas frente a este libro merezcan la pena.

Y esta sensación de la que hablo no se hace esperar, porque aunque el carácter de su personaje principal, el prestigioso, jubilado y ex bebedor editor Riba, puede resultar agotador o demasiado farragoso por su extravagancia intelectual y personal, algo de lo que por momentos se resiente la novela, es inevitable percibir la excelencia de la escritura de Enrique Vila-Matas y su pasión por la literatura, en este caso especialmente por la obra de Joyce. No obstante, Dublinesca está plagada de referencias a escritores y obras que están de algún modo conectadas con la obra y las excentricidades de su protagonista, cuya principal preocupación es el fin de la era Gutemberg y, con esto, el de la alta literatura, así como la desaparición de la figura del editor intelectual, que él mismo representa.

Resumiendo, Dublinesca es una gran novela, es ambiciosa, tiene un estilo brillante y exuberante, y refleja el gran amor que el autor siente por la literatura, sin embargo, ¡ojo!, porque puede no ser una novela apta para todo el mundo.


domingo, 9 de enero de 2011

Wilson


Wilson es un ser cínico, egoísta, ermitaño e, incluso podríamos decir, despreciable, pero no por esto es menos humano o se compadece uno menos de él. Es un personaje infeliz que no conseguirá resolver o superar nunca sus problemas, ya que ante todo asume la misma actitud esquiva y culpa de todo a los demás. El precio a pagar es la soledad, claro, pero no pasa nada, porque lo tiene asumido.

Los cómics de Clowes suelen estar repletos de este tipo de personajes, individuos perdidos con reacciones extrañas ante situaciones normales, que viven en su propio mundo y se rodean de otros que tienen problemas similares. Pero Wilson es un caso superlativo dentro del mundo de Clowes, historias como la de la hija parecen ser imposibles de superar de lo bochornosa que resulta.

El cómic se lee muy rápidamente y deja, como ocurre con todas las historias de Clowes, un sabor agridulce marca de la casa. A destacar el diferente estilo gráfico empleado para las distintas viñetas, en ocasiones cercano al que siempre suele emplear este dibujante y en otras diferente, con un carácter más sencillo.

Leer Wilson puede convertirse, para algunos, en toda una experiencia, para otros será una pérdida de tiempo. Yo me sumo sin duda a los primeros.

jueves, 16 de diciembre de 2010

El gusto del cloro


Cayó recientemente este cómic en mis manos, lo cogí de la biblioteca sin demasiado convencimiento, pero como no había mucho donde elegir me lo llevé a casa. Pero como suele ocurrir, es con este tipo de situaciones cuando te llevas las sorpresas más agradables, porque la primera obra que el jovencísimo Bastien Vivès publica en España es una sencilla y entrañable historia de la que se disfruta plenamente.

La historia parte de un fuerte dolor en la espalda del protagonista, una contractura, cuya curación pasa por sesiones de rehabilitación y visitas semanales a la piscina (los miércoles). Este último resulta ser un habito que no entusiasma en absoluto al joven, que no sabe nadar correctamente y se le hace difícil integrarse en el ritmo de otros usuarios de la piscina. De este modo, acude de modo forzado a nadar un día a la semana, por lo menos hasta que conoce a una chica con la que comparte calle y de la que se acaba enamorando. No voy a contar más, pero imaginareis que el chaval encontrara en este hecho una nueva motivación para continuar con su tratamiento.

De una precisión y minimalismo absoluto en textos, la historia se basa especialmente en los maravillosos dibujos de Bastien, de una belleza formal enorme, con un colorido y un trazado cálido y sereno, que hará las delicias de los amantes del comic y, sobre todo, de las pequeñas grandes historias.




Sin duda, muy recomendable, un gran regalo para las navidades. Ah, olvidaba que tiene un gran inconveniente, se lee muy, demasiado, rápidamente.


jueves, 11 de noviembre de 2010

Ventanas de Manhattan


Este verano decidimos hacer el “viaje”, es decir, nos inclinamos por ese destino al que siempre se quiere ir, pero que, por una cosa o por otra, vas dejando para más tarde porque tienes que invertir mucho dinero en su planificación o porque para hacerlo necesitas más días de los que normalmente le dedicas a este tipo de viajes. Así que nos lanzamos al vacío y en julio embarcamos rumbo a Nueva York.

Las expectativas eran muy altas, ya que mi chica y yo, como buenos cinéfilos que somos, teníamos una buena lista de referencias a sitios que debíamos visitar de manera casi obligada y, sobre todo ella, contaba con un montón de recorridos obtenidos de libros y consultas en Internet con el fin de optimizar al máximo la estancia en cada uno de los días que íbamos a estar allí. Pues bien, todo, Manhattan, Brooklyn, Coney Island, Central Park, los puentes, los paseos, los museos, la gente, la comida, los mercados, los sitios que una vez vimos en las palículas… todo, superó nuestras expectativas, y aunque aprovechamos al máximo el tiempo, cuando regresamos nos pareció haber vivido un sueño.

Pues bien, gracias a Ventanas de Manhattan, unos meses más tarde, revivimos de nuevo el viaje con un gran entusiasmo e, incluso, lo ampliamos. Puesto que su riquísima prosa muestra la misma fascinación por la experiencia de recorrer Manhattan que nosotros vivimos durante nuestro viaje: espacios majestuosos; edificios gigantes llenos de historia; rincones llenos de magia; el jazz, el cine, la literatura… el arte; los barrios multiétnicos; el glamour de los neones y la multitud; las vistas infinitas… Todo esto y más es lo que van incluyendo Antonio Muñoz Molina en su recorrido, manteniendo al lector totalmente hipnotizado con su escritura y su contagiosa intelectualidad, que hace disfrutar de cada uno de los momentos en que el autor se detiene a vivir un libro, una pintura, una escultura, una pieza musical…

Ventanas de Manhattan es la experiencia literaria, intelectual y vital de uno de los grandes de las letras hispánicas. Tan sencilla de compartir que uno puede creer que es suya.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Cosas que los nietos deberían saber


Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con un libro como lo he hecho con Cosas que los nietos deberían saber. No obstante, he de decir que, aunque nunca he sido demasiado seguidor de Mr. E, pseudónimo bajo el que se esconde el Mark Oliver Everett, ni de los Eels, este libro ha despertado de forma inmediata en mí una devoción absoluta por este señor y sobre todo por su música (especialmente por sus letras).

Cosas que los nietos deberían saber es lo que debería ser cualquier autobiografía o, maticemos, cualquier autobiografía de una persona con un mínimo de sentido común o sentido del humor, es decir, una que simplemente merezca la pena leer. Y es que si Mark Oliver Everett es irónico y divertido contando su vida, no es porque ésta haya sido un camino de rosas o un sinfín de aventuras cómicas precisamente (aunque haya unas cuantas de éstas bastante buenas), es justamente por lo contrario, ya que podríamos entender este libro como la rehabilitación psicológica que el artista ha necesitado realizar para enfrentarse de algún modo a todas esas coces y reveses que da la vida, en este caso de manera bastante recurrente.

Lo que ha acontecido en su vida, su lucha por realizarse como músico y compositor, la ubicación de cada uno de sus discos o canciones dentro de un periodo concreto de su vida, lo que le ha hecho convertirse en la persona/personaje que es hoy día y, por tanto, lo que nos va a ayudar a conocerle mejor y a quererle como lo que es, todo eso está en este genial libro, escrito con mucha fluidez y acierto.

¡Qué nadie se lo pierda!